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2006-01-21 ] -
En españa no hay vaqueros gays
El Katrina, al fin y al cabo, s�lo hizo polvo la ciudad de Nueva Orle�ns, en la que, como piensan en la Administraci�n Bush, abundaban los negros, los pobres y la gente que �ni siquiera ten�a dos coches propios para salvar a toda su familia�, como dijo Dick Cheney. Pero la pel�cula Brokeback Mountain, dirigida por el taiwan�s Ang Lee, ha levantado ronchas en media Am�rica, aunque a�n no ha habido muertos por su causa... y ojal� todo siga as�. La historia de dos rudos y fornidos vaqueros de los a�os 60, que se enamoran el uno del otro, ha hecho aullar a la conspicua �mitad de Am�rica� puritana, ultrarreligiosa, intransigente y desde luego vehementemente hom�foba.
Es que eso no se hace. El conmovedor filme, que triunf� en Cannes y que se ha llevado cuatro Globos de Oro sobre siete candidaturas (entre ellos los de mejor drama, mejor director y mejor gui�n: no se puede pedir m�s), ha sacado de quicio al telepredicador neofascista Pat Robertson y a sus numeros�simos seguidores. La pel�cula tiene su carga er�tica, pero pierden el tiempo quienes sue�en con ver escenas de sexo expl�cito entre Heath Ledger y Jake Gyllenhaal, este �ltimo el chico listo y superviviente de El d�a de ma�ana. Pero esta cinta, muy valiente en su pa�s, es un torpedo en la l�nea de flotaci�n de uno de los m�s sagrados mitos de la Am�rica profunda: el vaquero del Lejano Oeste, noble, esforzado, sudoroso, patriota, generoso, con barba de varios d�as y, desde luego, radicalmente heterosexual. Lo cierto es que esa imagen es, precisamente, uno de los estereotipos legendarios en la industria del cine porno gay norteamericano, que mueve cada a�o tanto dinero como la industria de armamento (cientos de miles de millones de d�lares, nunca se sabr� la cifra exacta), pero eso no existe para la �Am�rica profunda� y sus rezadores paladines. De eso no se habla. Para los �ultras� norteamericanos, nunca hubo ni habr� vaqueros �mariquitas�, qu� atrocidad, los huesos de John Wayne deben de estar rechinando en su tumba despu�s de Brokeback Mountain. A los de Charlton Heston poco les falta.
Y el hecho de que muchos legendarios y machotes �cowboys� del gran cine del Oeste, como Burt Lancaster, Burt Reynolds, Rock Hudson, Glenn Ford o �se dice, se cuenta, se repite desde siempre� Montgomery Clift, el hiperdotado Errol Flynn o el perpetuamente impasible Robert Mitchum, fuesen absolutamente homosexuales, o al menos cruzasen muy repetida y voluptuosamente la calle de la �normalidad� hasta la acera de enfrente que tanto les gustaba, es algo que no se dice. De eso tampoco se habla. Los mitos americanos son sagrados, como los retratos de los viejos presidentes tallados en la piedra del monte Rushmore.
Estamos hablando de un pa�s en el que coexisten el barrio del Castro, de San Francisco, o Fort Lauderdale, en Florida (dos de las �Mecas� del mundo gay internacional) con los mormones de Utah o las leyes indescriptibles de algunos estados. Un dato revelador: en la devastada ciudad de New Orleans, estado de Louisiana, la capital mundial del jazz, se celebraba hasta el a�o pasado el famoso �Mardi Gras�, una fiesta de varios d�as en que en la enloquecida ciudad, tomada literalmente por decenas de miles de gays, era de lo m�s frecuente tropezarse con parejas (m�s frecuentemente con grupos) de fornidos y engalanados muchachos haciendo sexo entre s�, en plena calle, delante de todo el mundo, a veces literalmente en medio de una manifestaci�n (o fiesta, o cabalgata) de innumerables personas. Pero, seg�n las leyes de ese mismo estado de Louisiana, simplemente ser homosexual y admitirlo en p�blico, es un delito. Igual que aqu� cuando Franco. A los naturales del pa�s se les puede encarcelar, previo juicio, tan s�lo por reconocer que les atraen las personas de su propio sexo. A los extranjeros, por el mismo �crimen�, se les deporta y se les proh�be volver all� durante el resto de su vida. Eso y el �Mardi Gras�. Lo que se llama un pa�s coherente.
La persecuci�n legal a los homosexuales, su calificaci�n legal como delincuentes por el mero hecho de gustarles las personas de su propio sexo, estaba vigente en Espa�a hasta hace treinta a�os. Espa�a era un pa�s en el que ser homosexual era ser, legalmente, un �peligroso social� (equiparado a vagos, maleantes, mendigos, vagabundos y rateros) que pod�a ser encarcelado en prisiones �especializadas�, dependiendo de si la �Autoridad Competente� clasificaba al criminal como �activo� o como �pasivo�. Ese tercermundismo se acab� con la Constituci�n de 1978, pero algo muy distinto era lo que pasaba con la sociedad espa�ola, con la gente de la calle. �Qu� pensaban y qu� piensan los espa�oles de los homosexuales?
ESPA�A, DEFENSOR DE LOS DERECHOS GAYS
Se pongan como se pongan algunos alzacuellos �inverecundos� a quienes m�s les valiera callar por la cuenta que les tiene, el cambio de actitud de la sociedad espa�ola hacia los gays ha sido sencillamente espectacular. En 1970, el Gobierno Civil de Zaragoza �desaconsejaba� la exhibici�n en la capital aragonesa de la exitosa pel�cula No desear�s al vecino del quinto, en la que Alfredo Landa interpretaba el papel de una fingida �mariquita plumera�, arguyendo que en Zaragoza �jam�s se hab�an hecho chistes de car�cter gaditano� (se daba por hecho entonces que en C�diz abundaban los homosexuales, �pero los ma�os estaban a salvo de eso!). Hoy Zaragoza tiene uno de los grupos militantes gays m�s nutridos y mejor organizados de toda Espa�a. En 1977, seg�n las encuestas oficiales de entonces, el 83% de los ciudadanos espa�oles no querr�a tener a un �maric�n� por vecino en su mismo edificio y casi el 90% reconoc�a que se le plantear�a un �serio problema personal� si un hijo o una hija suyos fuesen homosexuales. Hoy, seg�n datos muy recientes del CIS, m�s o menos el 80% de los espa�oles est� a favor de que los gays puedan contraer matrimonio civil entre s�, con los mismos derechos y deberes que tienen las parejas �de siempre�, y aproximadamente el 60% por ciento aprueba que los gays puedan adoptar hijos.
El cambio de actitud de la sociedad espa�ola sobre los homosexuales (parti�ndose de la brutal homofobia hist�rica que exist�a hace s�lo treinta a�os) no tiene parang�n en ning�n pa�s del mundo. Legalmente, Espa�a est� a la cabeza del mundo occidental en lo que se refiere a derechos civiles de los gays, junto con B�lgica, Holanda y algunos estados federales de Canad� (la ley de Uniones Civiles del Reino Unido, gracias a la cual se ha �casado� hace poco Elton John, parece un matrimonio corriente, pero no lo es de pleno derecho), y sirve de ejemplo, sobre todo, a muchos pa�ses latinoamericanos con voluntad, m�s o menos a medio plazo, de adoptar legislaciones avanzadas, como Argentina, Uruguay, Costa Rica, en cierta medida M�xico y sobre todo Chile.
Pero no todo es agua de rosas. En Espa�a sigue habiendo un �poder f�ctico� que se opone a que los ciudadanos homosexuales tengan, civilmente, los mismos derechos que todos los dem�s: la Iglesia Cat�lica. El 18 de junio de 2005, una jornada al que el prestigioso semanario Tiempo bautiz� como �D�a del Orgullo Episcopal�, los obispos espa�oles salieron a la calle para acaudillar una manifestaci�n contra el matrimonio gay. La jerarqu�a cat�lica espa�ola jam�s hab�a participado en las convocatorias callejeras contra la pobreza ��sta fue una convocatoria mundial�, por la condonaci�n de la deuda a los pa�ses del Tercer Mundo, por la donaci�n del 0,7% del PIB a las naciones pobres, a favor de los enfermos de sida o, sobre todo, contra la guerra de Iraq, un hecho contra el que el propio Papa de entonces, Juan Pablo II, se manifest� airad�simamente �a pesar de su decrepitud� y que llev� a las calles a millones de personas en toda Espa�a. Sobre todos esos asuntos, los obispos espa�oles no movieron un solo b�culo. Pero s� sacaron a la calle a �sus fieles� (dos millones seg�n la organizaci�n y la cadena radiof�nica COPE, un cero menos por la derecha seg�n las fuentes m�s desapasionadas) contra el matrimonio gay. Un caso �nico en la historia de Espa�a. Por primera vez desde la recuperaci�n de la democracia en nuestro pa�s, una multitud sal�a a la calle no para reivindicar derechos que se les negaban, sino para todo lo contrario: para pedir que otros ciudadanos no pudiesen alcanzar los derechos que los manifestantes s� ten�an.
�Qu� pas� con todo aquello, que llen� indignadamente las calles hace apenas siete meses?
Pues algo muy curioso: nada. No pas� nada.
NO TODOS SON BORIS IZAGUIRRE
Desde la entrada en vigor de la modificaci�n de la Ley que autorizaba las bodas gays (30 de junio de 2005) hasta hoy, han tenido lugar en Espa�a apenas 530 bodas entre personas del mismo sexo. La �nica verdaderamente sonada fue la de Pedro Zerolo, concejal socialista en el Ayuntamiento de Madrid y miembro de la Ejecutiva del PSOE, que adelant� la fecha de su emotivo enlace �se celebr� en la Plaza Mayor de Madrid y fue una ceremonia conmovedora� para hacer que la noticia de su boda contrarrestase la iniciativa del Partido Popular de plantear la posible inconstitucionalidad de las bodas entre personas del mismo sexo, que se hab�a producido el d�a anterior. Cuando se cas� Zerolo, el 1 de octubre de 2005 (antiguo �D�a del Caudillo� en la �poca franquista, que tambi�n es mala suerte), hab�a cientos de personas en la Plaza Mayor madrile�a. La gente ajena al asunto preguntaba a los invitados, muchos de punta en blanco, chicos, chicas, gays y no gays: �Oiga, �qu� pasa hoy aqu�?� �Pues que se casa el concejal Pedro Zerolo. Con su novio�, respond�an los trajeados. La gente abr�a mucho los ojos y a rengl�n seguido se a�ad�an a la fiesta, encantados, y se pon�an a aplaudir.
El conocido presentador de televisi�n Jes�s V�zquez se cas� con su novio, Roberto Cort�s, el 3 de noviembre: muy a duras penas se enter� la Prensa. Los contrayentes acudieron a la ceremonia en pantalones vaqueros y nadie se enter� de nada, por deseo de los esposos. Ayer mismo, 20 de enero, se cas� con su novia la jueza Ver�nica Carabantes, titular del Juzgado n�mero 3 de Valdemoro (Madrid), especializada en delitos de violencia machista (mal llamada �violencia de g�nero�). Ver�nica rechazaba amablemente hablar con ning�n periodista. Argumentaba, con toda l�gica, que era un d�a �familiar�. Hoy s�bado se van de viaje de bodas. Volver�n en una semana o dos.
Como cualquiera. Todo eso ya no es noticia. La sociedad espa�ola sigue teniendo rasgos homof�bicos ancestrales y muy dif�ciles de cambiar, sobre todo en las zonas rurales pero no s�lo. A esos atavismos ayuda el protagonismo televisivo de personajes o personajillos que, en los programas llamados �del coraz�n� o en la cada vez m�s renuente �televisi�n basura�, se hacen pasar por periodistas o se comportan de forma que recuerda inmediatamente a los personajes �maricones� de �landismo� de los a�os 60 y 70, como Boris Izaguirre y sus ep�gonos (la lista ser�a interminable), pero los espa�oles ya dif�cilmente se asustan de que dos chicos, o dos chicas, se besen en televisi�n. Otra cosa es lo que pudiera ocurrir en los bares de muchos pueblos, pero, como dijo el ex presidente Su�rez, una cosa es cambiar la ley y otra la sociedad. Eso lleva m�s tiempo.
En cualquier caso, algo est� claro: Brokeback Mountain, que se estrena en toda Espa�a este 20 de enero, no va a provocar ni por lo m�s remoto los cataclismos morales que ha provocado en EE UU (al menos en la mitad m�s �facha� del pa�s, la que hasta hace nada ten�a prohibido que se ense�ase en las escuelas de Kansas la Teor�a de la Evoluci�n Universal de Darwin porque le llevaba la contraria a la Biblia). Y �qu� pasar�a en Espa�a si se hiciese hoy una pel�cula, al estilo de Brokeback Mountain, sobre el amor de dos guardias civiles varones o de dos toreros, s�mbolos ambos del arquetipo machista de la Espa�a �de siempre�?
Pues, probablemente, nada. La Benem�rita ha concedido ya pisos oficiales a parejas de agentes homosexuales y ha readmitido como �n�mero� a un transexual, que antes se llamaba Jos� Carlos y que ahora se llama Alba Romero, hija y hermana de �hijos del Cuerpo�. Y el n�mero de toreros m�s o menos presuntamente homosexuales (ninguno ha salido a�n del armario oficialmente, pero qu� m�s da si tanta gente lo sabe� y le da lo mismo) es tan abultado, sean m�s j�venes o m�s mayores, sean casados con ex folcl�ricas o solteros, que a qui�n le va a importar ya nada.
La �ltima pel�cula que provoc� un verdadero esc�ndalo p�blico en Espa�a, y mucho m�s en los despachos oficiales que en las salas de cine, fue El crimen de Cuenca, de Pilar Mir�. Eso fue en 1980. Ahora mismo, Brokeback Mountain no puede provocar en Espa�a �salvo que alg�n obispo se ruborice por motivos personales� m�s que comentarios estrictamente cinematogr�ficos. Extraido de:
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