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2006-05-20 ] -
Mi viaje al paÍs donde cambiÉ de sexo
TRANSEXUALES / ANTE LA LEY DE IDENTIDAD DE GÉNERO
MI VIAJE AL PAÍS DONDE CAMBIÉ DE SEXO
ALICIA ES la última española que ha cambiado de sexo en Tailandia, meca de los transexuales. Viajan allí por la experiencia de los médicos y por razones económicas. ZP se ha comprometido esta semana a aprobar la Ley de Identidad de Género
Alicia aterrizó en el aeropuerto internacional de Phuket con la llegada de la primavera. No como una más de entre los miles de turistas que cada mes llegan a esta paradisíaca isla tailandesa.Sus maletas iban cargadas de ilusión: culminar una metamorfosis.Porque Alicia, en realidad, nació con un cuerpo de hombre que repudia. Y por eso ahora pisa la tierra que ya a principios de 2005 sirvió para que Andrea Planelles abriera camino a las transexuales españolas. La presidenta de la Fundación para la Identidad de Género (FIG) mostró a su colectivo una realidad ya conocida: Tailandia se ha erigido en la gran meca del transexualismo. Australianas, japonesas, inglesas y norteamericanas eran las clientas más frecuentes en las consultas de Phuket o Bangkok. Ahora llegan las españolas.Con sus largas y dolorosas historias. La de Alicia (última en operarse) no está sacada de ningún cuento. «En marzo de 2003 se lo conté a mi madre, que lo entendió y siempre me ha apoyado», explica. No fue fácil. Tras un penoso y dilatado periodo de negación, iniciado en la adolescencia, a los 28 años se identificó plenamente como transexual gracias a la lectura de páginas web inglesas y americanas. Y a los 30 comenzó su transición silenciosa como mujer. Visitas al médico de cabecera, a los psicólogos de la Seguridad Social, consultas y más consultas a endocrinólogos privados. Finalmente, una psiquiatra de la Sanidad pública le dio el informe favorable para empezar el tratamiento hormonal en mayo de 2005. Una semana después le recetaba las primeras hormonas. Y en enero de 2006 Alicia comenzaba por fin su vida real como chica. La última pieza de la transformación, la de los órganos sexuales, encajaba recientemente en el hospital internacional de Phuket.
Alicia no ha querido esperar. La ley vigente en España pone todo tipo de trabas a los transexuales (entre 7.000 y 9.000 que viven con el sexo cambiado en nuestro país, la FIG habla de 30.000), incluso después de pasar por el quirófano. De hecho, sólo se permite el cambio de nombre en el DNI tras someterse a un examen forense de los genitales, donde el médico comprueba si existe vagina y, en algunos casos, hasta mide el canal vaginal para cerciorarse de si tiene o no la profundidad que él considere adecuada. Trámites -«vejatorios», según las afectadas- que desaparecerían con la llamada Ley de Identidad de Género, prometida por el PSOE en la oposición, y que ya ha sido aplazada cinco veces. La norma, cuya entrada en el Congreso será antes del 30 de junio, según el ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, reconocerá el derecho a cambiar de nombre en los documentos oficiales sin pasar por la cirugía de los genitales.
Al fenómeno tailandés le tiene bien tomadas las medidas Andrea Planelles, quien llegó incluso a amamantar -queda la foto- a una cría de tigre mientras se recuperaba de la operación de reasignación de sexo. Como pionera, ahora es ella la que sirve de asesora a todas aquellas que se embarcan en la aventura de conciliar genitales y alma en el lejano país de Oriente. Al final de 2006 serán 12 las transexuales españolas que habrán pasado por el bisturí tailandés.
EL PRECIO SI IMPORTA
Andrea -quien a pesar de tener tres licenciaturas, un doctorado y habla siete idiomas, asegura haber padecido la exclusión laboral- conoció esta opción a través de Internet. «Antes de eso mi idea había sido operarme en Londres. Cuando leí sobre Tailandia, empecé a investigar, y fui descubriendo todo lo que ahora sé», comenta.Así se ha ido pasando la voz a otras chicas, como Alondra que se operaba en octubre de 2005. Ella relata su historia tan común a otras transexuales operadas en Tailandia. «Los médicos que me convencían eran muy caros. A través de un amigo contacté con la FIG, donde me hablaron del doctor Sanguam Kunaporn, del Hospital Internacional de Phuket. El precio quedaba a mi alcance y las garantías parecían adecuadas».
Los motivos económicos que impulsaron a Alondra y Andrea son comunes a los de otras españolas. En España una cirugía de reasignación de sexo, CRS, cuesta entre 15.000 y 18.000 euros, mientras que en Tailandia ronda los 6.600, precio que incluso permite disfrutar de unas vacaciones en la paradisíaca isla de Phuket, conocida como la perla de Tailandia.
A la excelente reputación de sus cirujanos (sólo en Bangkok se realizan más de 1.500 operaciones al año) se une el hecho de que se trata de un país tradicionalmente tolerante y respetuoso con este colectivo. Es frecuente ver modelos y presentadoras de televisión transexuales. Además, en el antiguo reino de Siam, donde cada año se celebra por todo lo alto el concurso Miss Universo Transexual, se les permite entrar en las Fuerzas Armadas.
Sanguam, que ha dotado con cuerpo de mujer a más de 600 transexuales, es el cirujano predilecto de las españolas. Más de la mitad de las operadas han pasado por su avezado bisturí. Andrea lo eligió, dice, porque utiliza una técnica revolucionaria en dos etapas, adaptada del tratamiento de quemados. «Aunque es más farragosa, el resultado físico es mejor», asegura Alicia, quien sintió el primer orgasmo como mujer apenas un mes después de la intervención.
En la primera intervención se construye el canal vaginal, los labios mayores y menores y el clítoris. Se extirpan los testículos y se conserva el tejido escrotal. Éste servirá, siete días después, para recubrir el interior de la neovagina. Los siguientes pasos consisten en aprender a dilatar la neovagina. Tras el alta se recomienda permanecer una semana en la zona de Phuket por si hubiese complicaciones.
Pero no todo es tan fácil como aparenta. Además del calvario quirúrgico, las transexuales tienen que pasar una serie de requisitos previos para que se dé el visto bueno a la reasignación sexual.«Es una decisión muy importante que asimismo tiene que estar avalada por un informe psiquiátrico favorable», explica Alicia.También se exigen al menos un año de vida real con el sexo deseado (18 meses viviendo con el sexo deseado se deberá acreditar en España para poder cambiar de identidad, según la ley que entrará en vigor en 2007) y, en el caso del cirujano Sanguam, de seis a nueve meses de terapia hormonal.
Alicia dice que ahora se siente más fuerte y segura de sí misma.«Gracias a librarme de la incomodidad que representaban unos genitales que no eran míos». Extraido de:
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